
DÍA GRIS
De aguacero se visten las montañas
Las miradas se acurrucan más allá de lo que ven, parecieran haber perdido ecos, en el frío violento del atardecer
El sol, mientras guiña la desplazada tarde, lleva menguado fuego. Del otro lado de las montañas, centellea el arco iris; de éste otro, la música viene escarchada, solitaria, soñolienta, entregándose a la madrugada.
¡Libérame campanadas, a corazón abierto!
¡Libérame de lo glacial, no quiero caer en sus remos!
Puedo oír las voces del desierto. El Chelo recorta asesinas horas de indiferencias en sus pausadas pulsaciones de concierto. Coreado de piano... el ojo del astro, se oculta ceniciento
¡Qué paz interna acaricia la brisa del silencio!
De sal, se curte mi piel canela. De marinos cielos..., se alarga las noches de incienso. Reposado milagro, señales de humo en las cimas del desierto. Acurrucado mí corazón, suspira... en brazos sorrentos.
Buen ejercicio, buen intento.
Romovar

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